24 may. 2011

Conflictos entre niños


Los conflictos son normales, saludables, necesarios y una fuente de crecimiento para las criaturas (y para los adultos). En la medida que logran solucionar los conflictos de forma satisfactoria, los niños y niñas tendrán una personalidad más fuerte, equilibrada y gozarán de buena autoestima. No hay que intentar evitar los conflictos siempre y mucho menos intentar reprimirlos. Pero tampoco significa que no haya que tomar medidas que los prevengan en algunos casos (muchas criaturas con pocos acompañantes, criaturas muy pequeñas, edades muy distintas, etc.).

Para saber cuándo y cómo intervenir en los conflictos, es necesario analizar primero el conflicto. Podemos distinguir entre los conflictos originados por un ambiente no-adecuado (los conflictos evitables) y aquellos conflictos que surgen desde la propia vivencia de los límites, la convivencia y la necesidad de distinguirse como individuos del mundo que les rodea (los conflictos inevitables). Los conflictos evitables, que surgen por el entorno no-adecuado tienen solución fácil: adecuar el entorno a las necesidades de las criaturas. Por entorno entendemos tanto el entorno emocional como físico. El entorno emocional adecuado asegura que las criaturas en todo momento tienen cubiertas sus necesidades emocionales, afectivas, intelectuales y físicas. Por entorno físico entendemos un espacio seguro, sin peligros activos, con materiales adecuados y suficientemente amplios. En un entorno con demasiados límites, donde no hay suficientes posibilidades de libertad de movimiento o donde los materiales no son adecuados o suficientes, las tensiones suelen crecer rápidamente.

El entorno emocional adecuado asegura que las criaturas se sienten amadas y aceptadas, lo cual permite que no entren en un proceso de sobre activación de su agresividad2 (la energía vinculada al instinto de supervivencia) como forma de buscar salida a las frustraciones y a las llamadas de atención. El entorno físico adecuado asegura que las criaturas se sienten con seguridad y autonomía para jugar, experimentar y para dar salida a la curiosidad y al deseo de entender y aprender. La agresividad es un instinto, pero en la medida que tenemos satisfechas nuestras necesidades básicas, disponemos de canales de expresión y de medios para satisfacer estas necesidades, nuestra agresividad no se sobre activa (o no supera ciertos límites más allá de mantenernos vivos y desarrollarnos de manera sana).

Hendrik Vaneeckhaute

Fuente: Escuela libre Tierra de Niños

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